El comienzo del año volvió a encender luces de alerta en la economía. La volatilidad extrema de las tasas de interés reapareció con fuerza y puso en tensión uno de los pocos instrumentos con los que el gobierno libertario busca impulsar la actividad productiva. El primer día hábil ofreció un alivio pasajero: un exceso puntual de liquidez hizo caer la tasa de caución a un día desde niveles superiores al 65% hasta la zona del 35%. La calma duró poco. En el transcurso de la primera semana de enero, las tasas se dispararon y alcanzaron picos cercanos al 150% anualizado. Con ese escenario, el mercado financiero se volcó a estrategias de corto plazo, orientadas a capturar rentabilidades excepcionales, en detrimento del crédito productivo. La lógica del trading defensivo se impuso sobre el financiamiento de la economía real. El impacto sobre las empresas fue inmediato. Ledesma cerró su último balance con pérdidas cercanas a los 25.000 millones de pesos y señaló de manera directa el peso del costo financiero. En la misma línea, Milagros Brito, del Grupo Macro, advirtió que con tasas de ese nivel no hay inversión viable, una definición que contrastó con el discurso oficial sobre el clima de negocios. La contradicción es evidente: un gobierno que promueve previsibilidad y estímulos a la inversión convive con un esquema de tasas que deteriora balances, reduce valuaciones y vuelve impagable el endeudamiento. El crédito dejó de ser una palanca de crecimiento para convertirse en un ancla. El problema no se limita a las tasas en pesos. En el último año, muchas empresas se endeudaron en dólares y quedaron expuestas cuando el financiamiento se interrumpió. Los casos de San Miguel, Bioceres, Albanesi y Aconcagua Energía muestran un patrón común: descalces financieros, reestructuraciones y estrés creciente. En conjunto, los episodios reflejan un problema macroeconómico de fondo. Más allá del potencial productivo o la innovación, la fragilidad financiera del modelo aparece como un factor central que condiciona a las empresas y pone en duda su sostenibilidad.
ALTO COSTO DE LOS CRÉDITOS
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