Mientras el salario mínimo, el empleo formal y las jubilaciones perdieron poder adquisitivo frente a la inflación, la Asignación Universal por Hijo (AUH) y la Tarjeta Alimentar fueron las únicas transferencias que crecieron en términos reales durante los primeros dos años del gobierno de Javier Milei. Este dato ayuda a explicar por qué no hubo estallidos sociales masivos pese a la magnitud del ajuste. En contra del discurso sobre el “fin de los planes”, el presupuesto social muestra que la asistencia directa a los sectores más vulnerables fue la única partida que creció de manera sostenida, tanto en cantidad de beneficiarios como en poder de compra. De hecho, el punto más bajo del valor real de la AUH se registró en 2023, el último año del gobierno de Alberto Fernández. Según fuentes oficiales, a diciembre de 2025 la AUH alcanza a 4.114.513 titulares, incluidos más de 93 mil beneficiarios por discapacidad, mientras que la Tarjeta Alimentar llega a 2.546.130 familias y cubre a más de 4,5 millones de niños. En total, más de seis millones de planes, un récord que refleja el avance de la asistencia social en un país cada vez más alejado de su histórico perfil de clase media. Los informes del OCEPP y la Fundación para el Desarrollo Humano Integral muestran que la AUH y la Alimentar fueron los únicos ingresos que superaron de forma consistente a la inflación, en contraste con el salario mínimo, que hoy cubre apenas una fracción de la Canasta Básica Total. En términos reales, la AUH es actualmente un 23% más alta que durante la presidencia de Alberto Fernández y un 10% superior a la vigente bajo Cristina Fernández. La mejora se explica por aumentos extraordinarios, con una suba real interanual del 47% y un incremento cercano al 100% entre noviembre de 2023 y noviembre de 2024, tras la devaluación del 120% de diciembre de 2023. Este refuerzo de la política social convivió con una fuerte pérdida de empleo formal: en los dos primeros años de Milei se destruyeron cerca de 180 mil puestos de trabajo, con una aceleración reciente de la caída. La paradoja del modelo libertario es que, mientras se ajustan salarios y empleo, la red de contención social no sólo se mantuvo, sino que se convirtió en el principal amortiguador del impacto social del ajuste. Según la FDHI, aunque la AUH y la Tarjeta Alimentar no alcanzan para sacar a un hogar de la pobreza, sí permiten sostener el umbral alimentario, un factor clave para entender la ausencia de conflictos sociales generalizados.
PLANES AL ALZA
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