La economía PyME atraviesa un terreno cada vez más áspero. El último informe de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) expuso que las ventas minoristas se contrajeron un 1,2% interanual en mayo, acumulando un retroceso del 3,1% en lo que va del año. El dato refleja un escenario donde el consumo se refugia en lo indispensable y la recesión se profundiza en los sectores de bienes no esenciales. En este mapa desigual, Farmacia se erige como el único rubro con un crecimiento significativo, del 8,2%, mientras que Alimentos y Bebidas apenas logró sostenerse con un 0,2% de variación positiva. En contraste, los sectores de Textil e indumentaria y Bazar, decoración y muebles sufrieron caídas del 5,2% y 8,9%, respectivamente, confirmando que el bolsillo de los hogares se concentra en la canasta básica y deja de lado el consumo discrecional. La entidad empresaria advierte que el ingreso disponible se destina “casi con exclusividad” a sostener necesidades primarias. La contracción del poder adquisitivo marca una tendencia clara: los rubros esenciales logran mantener cierta estabilidad, mientras que los demás absorben el impacto recesivo. El panorama de inversión tampoco ofrece alivio. Seis de cada diez PyMEs consideran adverso el contexto para inyectar capital, y apenas un 12,5% lo percibe como una oportunidad. La falta de crédito y la incertidumbre política y económica paralizan cualquier intento de expansión. Desde la perspectiva de la oferta, CAME subraya que la tracción de ventas depende de herramientas financieras, liquidaciones forzadas y eventos de comercio electrónico. Sin embargo, el incremento de costos fijos y las actualizaciones tarifarias han comprimido severamente los márgenes de rentabilidad, dejando a las PyMEs en una situación de vulnerabilidad estructural.
EL DERRUMBE DEL CONSUMO
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