En un plenario federal que reunió a delegados de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE), el secretario general Rodolfo Aguiar encendió la mecha de un conflicto que promete marcar la semana. Con tono desafiante, el dirigente estatal se plantó frente a la Confederación General del Trabajo (CGT) y lanzó un llamado a la acción: “Hay que parar igual”, insistió, en referencia a la reforma laboral que se discutirá este miércoles en el Senado. La escena tuvo ribetes de crónica política y sindical. Mientras la CGT optó por movilizar sin convocar a un paro, Aguiar desconoció esa decisión y apostó por la huelga de 24 horas: “Sería un error grave privar a los trabajadores de ejercer el derecho de huelga frente a una reforma demoledora”, advirtió, dejando en claro que la CTA respalda la medida con personería jurídica. El miércoles, desde la medianoche, la administración pública quedará paralizada. Los hospitales funcionarán con guardias mínimas y sólo se atenderán urgencias; trámites en organismos como ANSES y PAMI quedarán suspendidos; y servicios esenciales, desde la recolección de residuos hasta el control aéreo, se verán afectados. La ciudad será escenario de más de 22 puntos de protesta: Congreso, Obelisco, Plaza de Mayo, CCK, hospitales y parques, entre otros. La concentración principal está prevista para las 12 en Bernardo de Irigoyen y Avenida de Mayo. Allí, Aguiar buscará visibilizar lo que considera una pulseada decisiva: frenar lo que denuncia como “sobornos en el Senado” y “la especulación de los gobernadores”. Con frases duras, el sindicalista advirtió que quienes avalen la reforma “firman su propia sentencia de muerte y la de sus provincias”. Este conflicto se escribe en tiempo presente: sindicatos divididos, un Senado bajo presión y una ciudad que se prepara para un miércoles de parálisis y tensión.
PULSEADA SINDICAL
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