El tablero económico se prepara para una semana de definiciones que promete tensar la relación entre inflación, combustibles y transporte. En los pasillos del poder, la discusión no es técnica sino política: cómo administrar el costo social de decisiones que impactan directamente en el bolsillo. Por un lado, YPF enfrenta el vencimiento de la tregua de 45 días en los surtidores. La medida, tomada en plena escalada bélica en Medio Oriente, evitó nuevos aumentos tras el salto de marzo, cuando las naftas y el gasoil treparon un 25% y golpearon el Índice de Precios al Consumidor. El directorio de la petrolera estatal se reunirá en la semana para resolver si prolonga la pausa o habilita un nuevo ajuste. Las fuentes del sector advierten que los precios locales quedaron rezagados entre un 10% y un 15% respecto de la evolución internacional. Mientras tanto, el Gobierno ya aplicó un incremento del 0,5% en los impuestos a los combustibles a comienzos de mayo, y postergó hasta junio la actualización completa por la inflación acumulada. La decisión busca ganar tiempo en un escenario donde cada décima del IPC se mide con lupa. En paralelo, el flamante secretario de Transporte, Mariano Plencovich, convocará audiencias para discutir la suba de boletos en los trenes nacionales. El movimiento se inscribe en una estrategia más amplia: trasladar parte del ajuste al usuario en un contexto de recursos fiscales limitados. El jueves, el INDEC pondrá sobre la mesa el dato de inflación de abril. El Relevamiento de Expectativas del Mercado anticipa un 2,6%, por debajo del 3,4% de marzo. El ministro de Economía, Luis Caputo, ya adelantó su lectura: “La inflación tuvo un pico en marzo pero a partir de abril empezará a ir hacia abajo”, dijo días atrás, en un intento por instalar un relato de moderación. La crónica de esta semana se escribe entre reuniones de directorio, audiencias públicas y la espera de un número que marcará el pulso político. El Gobierno juega a contener la presión social mientras calibra aumentos inevitables. El desenlace, como siempre, se medirá en la calle: en el precio del boleto y en el valor que marque el surtidor.
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