El tablero del Senado provincial volvió a sacudirse cuando la vicegobernadora Verónica Magario logró imponer su estrategia y colocar a Germán Lago, un hombre del axelismo, al frente de la comisión de Legislación General, una de las llaves maestras en el manejo de expedientes. El movimiento, lejos de ser un trámite administrativo, abrió un nuevo capítulo en la interna peronista. La comisión quedó constituida con Lago como presidente, Marcelo Leguizamón en la vicepresidencia y Pedro Borgini como secretario. La votación reunió a diez de los once integrantes, con la ausencia notoria de Federico Fagioli, alineado con Juan Grabois. El gesto más evidente de disconformidad vino de La Cámpora: el senador Diego Videla, conectado de manera remota, se abstuvo y dejó en claro que la jugada de Magario no respetaba lo acordado previamente en el bloque. El trasfondo es más profundo. Durante semanas, el peronismo había negociado un esquema que otorgaba la presidencia de Legislación a Malena Galmarini, Presupuesto a Lago y Asuntos Constitucionales a Emmanuel González Santalla, referente camporista. Sin embargo, Magario alteró el mapa: Lago pasó a Legislación, Galmarini a Asuntos Constitucionales y Santalla a Presupuesto. La decisión encendió las alarmas en el kirchnerismo, que perdió el control de una comisión que venía manejando desde hace años. El malestar se acumula. Algunos senadores hablan en voz baja de una posible fractura del bloque, aunque otros advierten que una ruptura tendría un efecto dominó en Diputados y concejos deliberantes. Por ahora, la sangre no llega al río, pero la tensión es palpable. La avanzada de Magario se interpreta como parte de una pulseada mayor: meses atrás, Cristina Kirchner había conseguido ubicar a Mario Ishii en la vicepresidencia primera del Senado, un sillón clave en la línea de sucesión. Magario había intentado colocar allí a Ayelén Durán, ligada a Andrés Larroque y al axelismo. La derrota en aquella batalla parece haber empujado a la vicegobernadora a endurecer su estrategia en las comisiones. El resultado es claro: Magario ganó la pulseada frente al kirchnerismo y La Cámpora, consolidando su influencia en un espacio decisivo. La incógnita ahora es cuánto resistirá la unidad peronista bajo esta tormenta interna.
MAGARIO IMPONE SU JUEGO
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