Cristina Fernández de Kirchner volvió a marcar la agenda política con un diagnóstico que inquieta tanto al oficialismo como a la oposición. La expresidenta considera que la elección presidencial de 2027 podría alejarse del esquema de polarización que hoy se proyecta y derivar en una competencia de cuatro fuerzas con chances reales, siempre y cuando el peronismo se fracture. “Si se rompe en tres, se rompe en cuatro”, lanzó Cristina en sus reuniones de San José 1111, en lo que muchos interpretan como un mensaje directo hacia Axel Kicillof. Su lectura es clara: una división interna del peronismo, con Kicillof por un lado y el kirchnerismo duro por otro, arrastraría también al PRO, donde Mauricio Macri evitaría un pacto con Javier Milei y buscaría consolidar una opción propia. Ese escenario, según la exmandataria, abriría un juego distinto al actual, dominado por la tensión entre Kicillof y Milei. Con cuatro alternativas competitivas, Cristina cree que el kirchnerismo tendría más margen de maniobra y no quedaría subordinado al gobernador bonaerense. Sergio Massa, aunque mantiene distancia de la interna, coincide en que la elección podría transformarse en una “de cuartos”. En el camporismo la hipótesis entusiasma: permitiría a Cristina controlar las listas y definir la estrategia electoral. Se baraja incluso la posibilidad de que encabece la boleta, aunque sea impugnada, dejando al vice, con nombres como Mariano Recalde o Wado de Pedro, en la primera línea. Máximo Kirchner aún no define su posición. Sus aliados más cercanos, Facundo Tignanelli y Emmanuel González Santalla, lo empujan hacia esa opción, con la expectativa de disputar intendencias en La Matanza y Avellaneda. Sin embargo, los intendentes actuales advierten que dos listas peronistas en el Conurbano abrirían la puerta a un avance libertario en los municipios. Del lado de Kicillof, la resistencia es firme. Sus colaboradores sostienen que el esquema propuesto por La Cámpora es inviable porque implica ceder a Cristina el control absoluto de las listas y del futuro gabinete. El gobernador insiste en negociar directamente con la expresidenta, pero sin subordinación, algo que hasta ahora no ocurre: Cristina delega las conversaciones en Máximo, un formato que Kicillof rechaza. Así, el peronismo se enfrenta a un dilema estratégico: mantener la unidad bajo tensión o abrir el juego a una elección fragmentada que podría redefinir el mapa político argentino en 2027.
CFK DESAFÍA A KICILLOF
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