El conflicto en el PAMI dejó de ser un murmullo interno para transformarse en un estallido abierto. Los médicos que atienden a los jubilados iniciaron un paro de 72 horas, marcando un punto de quiebre en la relación con la obra social. La chispa fue la resolución 1107, que eliminó la consulta presencial como fuente de ingreso, incorporó más prestaciones dentro de un pago fijo y suprimió incentivos por formación de posgrado. El resultado: recortes que superan el 50% en algunos casos y un clima de indignación que ya no se disimula. La Asociación de Profesionales de la Salud del PAMI (Appamia) puso números sobre la mesa: un médico con 400 pacientes que antes percibía alrededor de $1.600.000, ahora pasaría a cobrar menos de $850.000. “Más trabajo, menos ingresos y menor reconocimiento”, sintetizan, advirtiendo que la sostenibilidad de los consultorios está en riesgo. La propuesta alternativa de la agremiación es clara: una cápita mínima de $6.500 para sostener la atención. El malestar no se limita a los médicos. En la Gerencia de Auditoría Prestacional, los trabajadores realizaron un “ruidazo” contra lo que denuncian como un desguace del área, clave para controlar la infraestructura sanitaria. Los cánticos que exigían la salida de las autoridades se viralizaron en redes, amplificando la tensión. Mientras tanto, las farmacias alertan sobre un posible colapso en la provisión de medicamentos si no se regularizan los pagos. Y en paralelo, crecen las sospechas de negociados en licitaciones millonarias que benefician a empresas con vínculos directos con figuras del poder libertario. Entre ellas, Oxígeno y Tecnología, ligada a un exfuncionario cercano a Toto Caputo, y la contratación de inmuebles con Inversora Eslava, vinculada a la familia Menem. La crisis ya golpea al gobierno. Sandra Pettovello, ministra de Capital Humano, se apresuró a despegarse: “El PAMI depende del Ministerio de Salud”, señaló, trasladando la responsabilidad a Mario Lugones. Pero la fractura política es evidente: el PAMI, la obra social más grande del país, se convirtió en un campo de batalla donde confluyen recortes, protestas y sospechas de corrupción. El desenlace aún es incierto, pero la postal es clara: médicos en paro, empleados en rebelión, farmacias en alerta y un gobierno que busca esquivar responsabilidades. El PAMI, símbolo de la atención a los jubilados, se encuentra hoy en el epicentro de una tormenta que amenaza con arrastrar a todo el sistema.
EL PAMI EN TERAPIA
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