El Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (OCLA) encendió una nueva alarma sobre la crisis del consumo interno: en el primer cuatrimestre de 2026 se vendieron 11 millones de litros menos de leche fluida respecto al mismo período del año anterior. El dato, sensible por tratarse de un alimento básico, refleja el deterioro del bolsillo de los argentinos y la creciente sustitución por productos más baratos como margarinas, bebidas con lácteos y derivados rayados. La serie histórica publicada por el organismo revela que la gestión de Javier Milei acumula los tres peores cuatrimestres desde 2015 en ventas de leche fluida. El panorama se agrava al observar el conjunto de lácteos: abril cerró con una caída del 4,7% en volumen frente a marzo, y del 5,8% en litros equivalentes. El acumulado del cuatrimestre muestra retrocesos del 1,5% en productos y del 2,1% en litros de leche equivalentes. Únicamente el rubro quesos logró escapar a la tendencia negativa, con subas interanuales. El OCLA advierte que la pérdida de ingresos reales empuja a los consumidores hacia la informalidad: “Proliferan las ventas que ninguna estadística puede registrar”, señala el informe, en alusión a canales alternativos que escapan al control oficial. La crisis no se limita al sector lácteo. El mercado cárnico también atraviesa un derrumbe: en abril se faenaron poco más de 960 mil cabezas, un 15,26% menos que en 2025. En mayo, la caída se profundizó: la faena no superó las 800 mil cabezas, lo que implica un desplome del 30% interanual. El doble retroceso en leche y carne, dos pilares de la mesa argentina, configura un escenario político delicado: el consumo popular se convierte en termómetro del malestar social y en evidencia de que la crisis económica golpea directamente en los alimentos esenciales.
CONSUMO POPULAR EN EMERGENCIA
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