La escena libertaria en la capital bonaerense atraviesa un temblor inesperado. Los escándalos que envuelven a Manuel Adorni, vocero del gobierno nacional, dejaron a su hermano Francisco en una encrucijada que pocos anticiparon. Hasta hace semanas, su nombre circulaba como la apuesta segura de Karina Milei para disputar la intendencia frente a Julio Alak. Hoy, ese horizonte parece desvanecerse. El recorrido de Francisco había sido discreto, casi silencioso. Confiaba en que el peso del apellido, convertido en marca dentro del oficialismo libertario, allanaría el camino hacia la candidatura. Pero las turbulencias de Manuel en la arena nacional contaminaron el tablero local, y la posibilidad de que Francisco encabece la boleta en La Plata se percibe cada vez más remota. En los pasillos libertarios, otros nombres comienzan a ganar volumen. Carolina Piparo, actualmente en el directorio del Banco Nación, insiste en su ambición de gobernar la ciudad tras haber quedado fuera del Congreso. Juan Pablo Allan, concejal y hombre cercano a Patricia Bullrich, busca revancha luego de su derrota interna en 2023, y Julieta Quintero Chásman, referente del PRO con vínculos fluidos con Santilli y Ritondo, mantiene abiertos sus canales con las distintas tribus libertarias, incluida la línea de Sebastián Pareja y el sector de Las Fuerzas del Cielo. El apellido Adorni, que hasta hace poco parecía un activo, se convirtió en un lastre. La campaña pasada ya había mostrado fisuras: militantes peronistas hostigaban a Manuel con billetes simbólicos, recordando el escándalo de las supuestas coimas que dominaba la agenda mediática. Hoy, esas imágenes regresan como un fantasma que amenaza con sepultar las aspiraciones de Francisco. La política platense, siempre atravesada por alianzas cambiantes y disputas internas, se prepara para un nuevo capítulo. Lo que parecía un camino despejado para los Adorni ahora se transforma en un terreno minado, donde cada paso puede redefinir el mapa de poder en la ciudad.
LA PLATA SIN HEREDERO
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