La semana comenzó con un aire de pulseada histórica en la calle Talcahuano. Con paso firme y gesto adusto, los tres cosecretarios generales de la Confederación General del Trabajo se presentaron en Tribunales para abrir un nuevo capítulo en la disputa con el Gobierno: un recurso judicial que busca declarar inconstitucional la flamante reforma laboral, sancionada apenas el viernes en el Senado y aún pendiente de promulgación. Jorge Sola, referente del gremio de Seguros, tomó la palabra frente a los periodistas apostados en la entrada. “Venimos a ejercer nuestro derecho a peticionar”, dijo, apelando a la Justicia como último resguardo de la Constitución. A su lado, Cristian Jerónimo, del vidrio, y Octavio Argüello, de Camioneros, reforzaban la escena: la central obrera en bloque, trasladando su rechazo de la calle al terreno judicial. El escrito presentado en los fueros Laboral y Contencioso Administrativo cuestiona la reforma por desmantelar el carácter protector de la legislación vigente y por vulnerar el principio de progresividad que, según la CGT, debe regir en materia de derechos laborales. No se trata sólo de un trámite: es la señal de que la confrontación se traslada al corazón del poder republicano. Jerónimo fue más allá y apuntó contra los aliados parlamentarios del oficialismo: “Hoy ya hay sectores que empiezan a preguntarse por qué acompañaron una ley que no mejora la vida de los trabajadores”. Su crítica se extendió al discurso presidencial del día anterior, al que calificó como un reflejo de un modelo “para pocos y de especulación financiera”. Argüello, por su parte, cargó contra las afirmaciones de Javier Milei sobre la baja del desempleo: “Es una locura total. Se han perdido 270.000 puestos de trabajo”, aseguró, y describió la exposición del mandatario ante la Asamblea Legislativa como “un show vacío, agresivo y sin propuestas concretas”. Para el dirigente camionero, el rumbo elegido repite recetas ya fracasadas: un esquema que incluye apenas a una minoría y deja afuera al resto. La escena en Tribunales condensó el clima político: un Gobierno que celebra su reforma como bandera de modernización y una central obrera que la denuncia como retroceso histórico. La batalla, ahora, se libra en los pasillos de la Justicia, pero el trasfondo es más amplio: la disputa por el modelo de país y por quiénes quedan dentro y quiénes fuera de ese proyecto.
CGT CONTRA EL MODELO
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