La industria argentina, otrora motor del empleo formal y de la recaudación nacional, atraviesa un derrumbe sin precedentes. Desde diciembre de 2023 perdió más de 78.000 puestos registrados, lo que equivale al 7% de su plantel, y retrocedió al segundo lugar en generación de empleo privado. En total, el sector explica el 36% de las bajas laborales acumuladas en el país durante el actual gobierno. La actividad manufacturera cayó un 14% en el primer cuatrimestre de 2026 respecto al mismo período de 2023, con ramas como la metalmecánica y la textil funcionando apenas al 35% de su capacidad. Además, se registraron 3.327 empresas menos en apenas cuatro meses, mientras los salarios industriales, históricamente superiores al promedio, pierden poder adquisitivo y reducen su brecha frente al resto de la economía. El modelo económico vigente, con altas tasas de interés, crédito restringido, tarifazos y promoción de importaciones, empuja a las empresas a reconvertirse en importadoras o a reducir al mínimo su producción. Sólo sectores ligados a recursos naturales y servicios regulados logran sostenerse. La metamorfosis industrial, comparada con la tragedia kafkiana de Gregorio Samsa, amenaza con transformar a la Argentina en un país dependiente de la explotación primaria, con mayor desigualdad y menor movilidad social.
PRODUCCIÓN EN CAÍDA LIBRE
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