El derrumbe silencioso del crédito ya dejó de ser un rumor en los pasillos financieros: se convirtió en un golpe directo contra los balances bancarios. El primer impacto lo expuso el gigante privado del sistema, el Grupo Financiero Galicia, que cerró el cuarto trimestre de 2025 con una pérdida neta de 83.544 millones de pesos, un número que descolocó al mercado y superó con creces las previsiones de los analistas. Lo que hasta hace meses era advertencia de economistas ahora se materializa en cifras: la mora de las familias empieza a erosionar la estructura del sistema financiero. La diputada kirchnerista Julia Strada fue de las primeras en ponerlo en palabras, señalando que Galicia acumula dos trimestres consecutivos de pérdidas por el aumento de créditos impagos. El fenómeno se extiende más allá de un solo banco. Las estadísticas revelan que la morosidad en tarjetas de crédito trepó al 9,3%, los préstamos personales alcanzaron el 12%, y los prendarios rondan el 5,8%. Supervielle muestra una mora del 5% y rentabilidad negativa del 7,7%; Macro también con 5% de mora y caída de 4,6% en su rentabilidad; BBVA se ubica en 4,4%. En Galicia, la foto es más cruda: 776.187 millones de pesos en incobrables. El resultado por intereses fue de 1,56 billones, pero más del 65% se evaporó en provisiones por incobrabilidad. Esa ecuación explica por qué las tasas de interés siguen en niveles elevados: como señaló el analista Juan Ignacio Nieva, si la morosidad se lleva semejante porción del resultado financiero, el margen para abaratar el crédito es prácticamente inexistente. El mercado reaccionó sin demora. La acción de Galicia en Wall Street retrocedió cerca de 14% en lo que va del año, hasta los 41,5 dólares, un papel que hasta hace poco era considerado uno de los más sólidos del mercado local. Los operadores detectan además un aumento en posiciones defensivas: más presión vendedora. En el lenguaje político-financiero, esto significa que los inversores recalibran el riesgo del sistema argentino. Durante meses, el negocio bancario se sostuvo en la renta financiera y el carry trade. Pero cuando el crédito se deteriora, el corazón del negocio vuelve a latir con crudeza: la capacidad de las familias para pagar sus deudas. La crónica de este episodio no es sólo un balance contable: es el retrato de un sistema que empieza a mostrar fisuras en su base social. El crédito, motor del consumo y sostén de la banca, se convierte en el talón de Aquiles de un modelo que enfrenta la tensión entre tasas altas, poder adquisitivo en caída y un mercado que ya huele el riesgo.
EL DERRUMBE DEL CRÉDITO
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