El pulso de la política argentina volvió a latir en las calles, esta vez en las puertas de un barrio privado. Manuel Adorni, jefe de gabinete, se encontró nuevamente en el ojo de la tormenta: tras las clases públicas frente a su departamento en Caballito, ahora la protesta se trasladó al acceso del country Indio Cuá Golf Club, en Exaltación de la Cruz. Allí, la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP) denunció lo que consideran un símbolo del enriquecimiento ilícito del funcionario. La escena fue de alto voltaje: neumáticos ardiendo, bombos resonando y consignas que apuntaban directamente contra Adorni. “Mientras investigan sus viajes millonarios, nos quitan el ingreso básico que sostiene comedores y cooperativas”, lanzó la UTEP, en referencia al recorte del Programa Volver al Trabajo. Nicolás Caropresi, referente del MTE-UTEP, fue más tajante: “Vinimos a señalar un hecho de corrupción que está a la vista de todos”. Pero la protesta no sólo incomodó al funcionario. Los vecinos del country, irritados por el ruido y el caos, trasladaron sus quejas al grupo de WhatsApp del barrio, donde el propio Adorni intentó calmar las aguas. Según testigos, prometió enviar “gente a ordenar” y luego aseguró que el conflicto estaba resuelto, comprometiéndose a colaborar con la comunidad. El malestar vecinal se suma a las tensiones que ya rodean al jefe de gabinete. En Caballito, los móviles policiales apostados en la esquina de su casa generan fastidio entre residentes, y algunos vecinos lo acusan de usar autos oficiales para tareas domésticas. La incomodidad social crece: lo que comenzó como un escrache político se está transformando en un cerco cotidiano que enfrenta tanto a militantes como a quienes comparten su entorno privado.
ADORNI BAJO FUEGO
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