El Partido Justicialista de la provincia de Buenos Aires dio un paso formal clave al publicar el padrón de afiliados. Con algo más de un millón cien mil personas en condiciones de participar, el proceso electoral interno queda oficialmente habilitado, en un contexto marcado por la posibilidad concreta de una competencia para definir la sucesión de Máximo Kirchner al frente del partido. Hasta el martes 27 de enero, el listado podrá ser revisado, observado y objetado. Luego, el calendario continuará con dos fechas decisivas: el 3 de febrero vencerá el plazo para presentar avales y el 8 cerrará la inscripción de listas. A partir de allí quedará claro si el PJ bonaerense irá a una interna abierta o si logrará encauzar una salida de unidad antes del recambio de autoridades previsto para el 15 de marzo. La última reunión partidaria dejó definiciones políticas de peso. La Junta Electoral resolvió aplicar un criterio restrictivo: sólo podrán votar afiliados con al menos 180 días de antigüedad, incorporados hasta el 30 de diciembre de 2025, priorizando la afiliación presencial sobre la virtual. La medida, en la que tuvo un rol central la vicegobernadora Verónica Magario, fue leída como un límite a los intentos de acelerar afiliaciones por parte de sectores cercanos al gobernador Axel Kicillof. Desde el kirchnerismo, la diputada nacional Teresa García, secretaria general del PJ nacional, buscó descomprimir la tensión y aseguró que no existen directivas para que intendentes o dirigentes presenten listas propias. En ese espacio sostienen que la mejor salida sigue siendo una lista de unidad, como ocurrió en el cierre del año pasado, aunque reconocen que dentro del Movimiento de Futuro crecen las posiciones favorables a una interna. En paralelo, el armado político vinculado a Kicillof avanza en la recolección de avales para respaldar una candidatura propia a la conducción partidaria. Entre los nombres que circulan figuran Verónica Magario y el intendente de La Plata, Julio Alak. La disputa por el control del PJ provincial vuelve a poner en primer plano la tensión entre el kirchnerismo y el kicillofismo y anticipa semanas de definiciones estratégicas para el futuro del peronismo bonaerense.
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