La Cámara de Diputados se prepara para un arranque legislativo que, más que un debate de fondo será un gesto de orden institucional. El 24 de febrero está marcada la sesión que servirá para aceitar la maquinaria parlamentaria: definir comisiones, ajustar licencias y, quizás, exhibir algún reacomodamiento en los bloques. Nada más que el preludio de un año que promete tensiones mayores. El verdadero inicio llegará el 2 de marzo, cuando el gobernador abra las Sesiones Ordinarias, en coincidencia con el comienzo del ciclo escolar. La Constitución marca ese día como el puntapié formal de la actividad. Lo que se juega este año excede la rutina. Es el último período sin la sombra del calendario electoral, lo que abre la puerta a reformas de calado. La boleta única y la discusión sobre las reelecciones indefinidas aparecen como temas que podrían fracturar consensos y obligar a negociaciones intensas. Oficialismo y oposición saben que el margen para mover piezas estratégicas es ahora. El peronismo, mientras tanto, exhibe una tregua que se pone a prueba. Axel Kicillof aceptó conducir el PJ bonaerense bajo la condición de un respaldo pleno a su gestión, y los comunicados recientes sugieren voluntad de unidad. Esa cohesión será clave en un escenario de polarización extrema, donde la oposición más dura ganó terreno tras las elecciones de septiembre, debilitando a los sectores dialoguistas. La correlación de fuerzas apenas se inclinó hacia el oficialismo en términos numéricos, pero la calidad del debate se endureció. La sanción de leyes no será sencilla para nadie: cada proyecto deberá atravesar un campo minado de tensiones internas y externas. El 2026 se perfila, entonces, como un año bisagra, donde la política se mide no sólo en votos, sino en capacidad de sostener acuerdos en medio de la tormenta.
DIPUTADOS ARRANCAN “SIN RUMBO”
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